Creperie Ma Bretagne, un trozo de Francia en Malasaña

Quienes me conocen saben que soy una negada para pronunciar el francés. No domino ese sutil arte de descolocar (o cambiar directamente) todas las vocales que aparecen en una palabra escrita y ponerle un acento elegante, chic. Yo soy más de alemán, de acento profundo, de palabras con marcado fin, y donde tú lees lo que escribes. Cada uno es como es, pero desde luego, genes franceses no parecen estar en mi cuerpo.

Ahora, si hay que pedir comida, ahí domino polaco, árabe, búlgaro y lo que haga falta. No renuncio yo a una crêpe porque sea una cateta pronunciando. Es más, diré que me queda hasta bien. Como que mi estómago toma el control y rápidamente se pone en lugar de mi cerebro y ahí… ahí, señores, es donde se ve que mi estómago se cree que debimos nacer en algún punto entre Biarritz y Calais.

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Estaba yo el otro día feliz. Sábado redecorando mi casa, arreglando mis anillos de plata, viendo películas bélicas que me encantan y leyendo un libro que me tiene en un sinvivir. ¿Cómo remata una este día perfecto? Con una crêpe. Esto es así. Pero no solo una crêpe. Una crêpe en un sitio bonito, de los que me gustan a  mí. De esos donde puedes respirar historia. Un local pequeño, a poder ser con madera. Un local con un aire muy retro (pero auténtico). Creperie Ma Bretagne vino a mi cabeza. Había ido hace años y, por algún motivo que no recuerdo, no volví. Pero durante estos años me asaltaban fotos del local y de la comida. Curioso… La cosa es que me gustó pero no vivía cerca y quizá por eso lo fui dejando lo fui dejando hasta este sábado pasado.

Y volví.

Y me daría collejas hasta que se me pusieran los ojos marrones. ¿Por qué dejé de ir a un sitio con tanto encanto? Esto me demuestra que cumplir años me viene bien, porque antes era una espécimen rarita.

Fui sola, como cuando viajo. Me sorprendió verme a mí misma sentaba en un restaurante sola en Madrid. No es que me importe, pero normalmente aviso a alguna amiga. Es cuando viajo cuando voy sola a todos lados. Pero me sentí tan fuera de Madrid, que por un momento todo parecía encajar. Pedí feliz:

Media tabla de patés

Tabla de patés

Sidra bretona dulce

Sidra bretona dulce

Crêpe de bechamel, espárragos trigueros, espinacas y queso gruyere

Crêpe de bechamel, espinacas, trigueros y queso gtuyere

(tuve tentación de pedirme otro salado, pero me controlé: ahora tampoco recuerdo por qué)

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Crêpe de azúcar y limón

Crêpe de azúcar y limón

Y mi sábado se completó. La persona encargada ese día tenía una fuerza arrolladora, mucha energía, fue muy muy amable y atenta. La comida me gustó muchísimo. El local hizo que dejara de leer porque quería observarlo. Y me quedé largos minutos admirando su carta. No solo el contenido, sino también lo estropeadas que están. Pero ese estropeado que solo queda bien en un entorno francés. Como que sigue siendo bonita aunque no sea perfecta. Recortes en las paredes recuerdan que fue una de las primeras creperies de Madrid, dibujos de París que pertenecieron a dueños anteriores… Volveré pronto porque debo compensar todos estos años sin ir.

Hay que ir con reserva porque si no, te quedas oliendo crêpes sin catarlas. Yo lo aviso.

Desde aquí agradezco enormemente a los franceses que hayan puesto una palabra tan sencilla para pedir un crêpe. Cuando pido gratin Dauphinois y boeuf bourguignon, sufro. Literalmente. Y estoy incómoda hasta que me traen la comida y averiguo si lo pronuncié adecuadamente.

Creperie Ma Bretgane

Calle San Vicente Ferrer, 9 (Madrid)

+34 915 31 77 74

Entrada Crêperie Bretgane

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