Buen camino

Eso te dicen. El que te pasa por el lado con la bici, el que va más rápido que tú, el Guardia Civil, el que pasa a caballo. El que va cojeando, el que se para a comer, el que ya no puede más, el que lleva su perro que se te ha acercado a olisquearte un poco. Te lo dicen en los albergues, en los hostales, en los bares. Te lo dicen camareros, conductores y lugareños que te encuentras. Hay carteles con esas palabras, que se transforman en camisetas o pulseras. “Buen camino”. No sabes si es una promesa, un deseo o una pregunta, pero respondes igual, “buen camino”, y continúas.

Se viene dato histórico aleatorio. “Ultreia et Suseia!”: así se saludaban los peregrinos en la Edad Media cuando se encontraban en el camino hacia Santiago de Compostela.

Yo he hecho este verano lo que hemos debido hacer el 70% de los españoles y el 40% de los extranjeros, a juzgar por la cantidad de gente que había en Santiago el sábado 6 (spoiler: lo conseguí). No faltaba nadie allí. Parecía que lo regalaban.

Y os diré que ha sido una experiencia maravillosa. Escribo recién llegada para no contar todo en modo bucólico. Ya sabemos que el tiempo suele cambiar la visión de las cosas y la perspectiva de lo acontecido, con los días, va cambiando y volviéndose de color de rosa. He querido reflejar la realidad antes de poneros que encontré unicornios en los bosques de Lugo. 

Digamos que, si te lo estás planteando, hazlo. Yo llevaba años queriendo hacerlo y lo dejaba lo dejaba, y por unas cosas y otras, lo hice con mi tía y una amiga. Y ha sido genial. Yo, más de ciudad que una farola, he disfrutado el campo. Yo, más introvertida que nadie, he aprovechado y hablado con gente. Yo, que se desubica en su propia calle, he sabido seguir las señales y llegar a donde debía. Por falta de tiempo, y por hacerlo todo a última hora, lo contratamos todo con Santiago Ways. No puedo decir absolutamente nada malo de esta empresa. Y sí, nos llevaban las mochilas/maletas más pesadas. Desde aquí, mi admiración y respeto por quienes hicieron esos 115 kilómetros con ella a cuestas.

La cosa es que hicimos los últimos 115 kilómetros del Camino Francés (que comienza en Roncesvalles), entre Sarria y Santiago de Compostela, en 5 etapas. Os lo pongo aquí a modo de diario, pa que sea más fácil. Habrá otro artículo sobre el Camino de Santiago a nivel histórico y sobre curiosidades. Si os lo pongo todo junto, me bloqueáis. Y no queremos eso…

DÍA 1: DE MADRID A SARRIA, PARANDO EN BENAVENTE (ZAMORA)

¿Que por qué paramos en Benavente? Pues por qué no. Realmente no había un motivo. Miramos algunos pueblecitos por los que pasábamos con el coche y nos gustó este y descubrimos algunas cosas bastante bonitas. Cosas como Santa María del Azogue, Casa de Solita (con una puerta modernista de llorar) y el mesón El Pícaro. Porque también la comida de este sitio era bonita, barata y buena, muy buena. Embutidos, ancas de rana, rabo de ternera estofado, tarta de queso y natillas caseras – con galleta, si no, no vale – porque, total, “todo lo vamos a quemar”.

Llegamos a Sarria y nos hospedamos en la Pensión Rúa Peregrino. Encantadores, todo limpio y buen punto de partida.

Cenamos, porque este viaje va también de comida, of course, darling, en Mesón Roberto: croquetas, pimientos de Padrón y revuelto de algas y zamburiñas (puf, exquisito). Seguimos con la idea de que todo lo quemamos…

En este alojamiento nos dieron esa noche la Credencial del Peregrino. En la web de la Oficina del Peregrino nos explican esto: “La Credencial o Acreditación del Peregrino es el documento entregado a los peregrinos en la Edad Media como salvoconducto. (…) Esta credencial es sólo para los peregrinos a pie, bicicleta, caballo o vela, que desean hacer la peregrinación con sentido cristiano, aunque sólo sea en actitud de búsqueda. La credencial tiene el objetivo de identificar al peregrino. (…) El resto de las páginas de la credencial contiene casillas para ir sellando a lo largo de la ruta de peregrinación. Los sellos se consiguen normalmente en los lugares donde duermen los peregrinos, como los albergues, pero también se pueden obtener en parroquias, monasterios, catedrales, hostales, ayuntamientos y otros lugares.” La idea es que, durante el camino, en cada etapa, vayas sellando tu Credencial. Lo que te piden para darte La Compostela es dos sellos al día, pero yo me lo tomé muy en serio y me gustó mucho eso de ir buscando dónde había sellos. Bares, furgoneta de la Guardia Civil, persona que hace pulseras, iglesias, grupos de ayuda al peregrino, congregación de monjas…

DÍA 2: DE SARRIA A PORTOMARÍN (PRIMERA ETAPA)

Nos ponemos en marcha temprano, tipo 7:30 h. Yo andaba algo preocupada por si el camino no estaba bien señalizado, no fuera a ser que yo me perdiera y acabara en Murcia porque no lo indicaban. Obsesión es poco. Vamos, que esa noche tuve pesadillas con que me perdía. ¿Y tú, cómo de histérica eres?

22 kilómetros nos separan de Portomarín. Empezamos con mucha niebla y el camino era precioso. Como cuando te vas de safari, el primer día sacas muchas fotos, de todo y de todos. Al quinto, ya menos… Pero de esta etapa tengo fotos de tó.

Lo mejor de esta etapa: esa niebla, los animales que encontré por el camino, una degustación de productos gallegos que me encontré en el camino (a cambio de un donativo) –fantásticas filloas – y que me enganché a una conversación interesante que llevaban dos y que me hizo tener buen ritmito porque no quería perderme nada. Allá donde estés, espero que tu hermana se recupere de la ruptura con ese tipo (que, por otro lado, a mí tampoco me cayó bien, te diré). 

Como curiosidad: la gente que hace esto en chanclas. Yo iba un poco cual exploradora que se adentra en mundo desconocido, solo no llevaba el machete, no me faltaba de nada… y la gente ahí con unas chancletitas de dedo. Vamos vamos, yo les daba La Compostela solo por eso. En esta etapa comienzas a ver torceduras de tobillo y alguna gente pidiendo Compeed para las ampollas (yo, como buena hija, nieta, sobrina y sobrina nieta de farmacéuticos, llevaba como para forrar a una persona hasta las cejas).

Ya casi llegando a Portomarín tienes para elegir “camino primitivo” y “camino secundario”. Si no eres mucho de rezar, vete por el secundario porque el primitivo requiere bajar por un desfiladero casi vertical (así, sin avisar) y es un buen momento para empezar a orar como si no hubiera mañana mientras te agarras a las paredes y vas frenando con los tobillos. Una experiencia divina de la que te arrepientes en cuanto bajas el tercer tramo… pa no haberlo contado, vamos. Cuando pasas esto, cruzas carretera y pasas un puente larguíííísimo por encima del río Miño (que estaba un poco de capa caída, la verdad, pobriño) y luego Portomarín te recibe, recordemos que después de 22 kilómetros y un desfiladero, con un tramo de escaleras que ni para subir a la Catedral de Girona. Nunca me había planteado más en serio el dormir en “cualquier lado” como en ese momento. La escalera de piedra empezó a parecer una almohada a medida que avanzaba: por casi me quedo ahí a dormir. Real.

Si hasta aquí has hecho todo como yo: has perdido tus gafas de sol, tus gemelos están a la altura del cogote y estás decidiendo si cortas por la rodilla o por el tobillo.

En Portomarín nos alojamos en Casa do Maestro. Recomendable no, lo siguiente. Perfecto el sitio. La chica de allí, de una amabilidad extrema. Tienes una cocinita, zona interior con sillones y sofás, la habitación es preciosa.

Cenamos en Casa Cruz: altisisisisimamente recomendable. Sus zamburiñas tienen el tamaño de una pelota de tenis, el raxo está buenísimo, empanada y croquetas top, y pimientos super top. Qué te digo… Eso, en una terraza con vistas el río. Un lujo. No reservan. Ve a las 20:00h-20:30 h y coge sitio. Merece la pena.

Luego, a por un helado en Xeou! Portomarín: exquisito.

Acabé la noche con un Ibuprofeno.

DÍA 3: DE PORTOMARÍN A PALAS DE REI (SEGUNDA ETAPA)

Empieza el día con energía y desayunando bien porque se nos vienen 25,5 km hasta Palas de Rei. Venga, que no es nada, chicos.

Aquí nos dieron en el desayuno un poquito de tarta de Santiago de Ancano. Una delicia. Yo no puedo tomar almendras, pero quería probar esta tarta que mi madre compraba cuando yo era pequeña (y sí podía comer frutos secos), así que estaba en debate constante porque un trozo entero no podía, pero un cachito pequeño sí. Y el cachito fue pequeño. Y yo fui muy feliz. Me vino la imagen de mi madre en la casa de Reina Victoria, haciendo la cruz de Santiago sobre la torta espolvoreando azúcar glas.

Te pones en marcha y, entre las cosas más especiales de esta etapa: sello templario en la capilla de Magdalena (cuyo origen estaba en un hospital para peregrinos de los Caballeros Templarios de Pena Godón) –  una cruz paté latina de color rojo sobre fondo blanco, símbolo que se llevaba a la espalda, y rango distintivo de la Orden del Temple; y dos caballeros subidos en un solo caballo, alegoría del ideal de pobreza por el cual se regía, además del lema “Non nobis, Domine, non nobis, sed Nomine Tuo da Gloriam” [No para nosotros, Señor, no para nosotros, sino en Tu Nombre danos Gloria] – y unos chicos de Hawaii y de San Diego en mitad de camino ofreciendo ayuda gratuita al peregrino. 

Pasas por Castromaior y puedes desviarte 3 minutos a ver el Castro de Castromaior, un yacimiento milenario que comprende los restos de un antiguo poblamiento galaico con ligeras influencias romanas de su última y breve etapa. Sin palabras.

Pasamos noche en Apartamentos Turísticos Guillermo. Como pasó el día anterior para entrar en la ciudad, aquí para entrar en el apartamento: escaleras. Mira, estas las subí en privado, no a la vista de todos como las de Portomarín, y menos mal. Fue al punto de ridículo. Un apartamento grande, con lavadora, con una ubicación buenísima y todo perfecto.

En esta etapa hice nuevos amigos que me duraron todo el camino y, hoy en día siguen en mi vida:

Comimos en Casa Camiño y muy bien. Lacón, callos a la gallega (con garbanzos) –estaban impresionantes – y croquetas. Recordad nuestra teoría, “esto lo quemamos”. No voy a mentir, una cremita de orujo también cayó. Necesitaba recuperarme, ya tu sabeeeeh…

Cenamos en casa empanada de pulpo, y de bacalao y pasas compradas en una panadería de Palas de Rei, en Fornos Fernando Valin. La chica, encantadora, nos dijo que dos empanadas de medio kilo cada una era poco para tres personas, pero os diré que luego estuvimos 3 días comiendo empanada… y habéis visto que no somos de las que pasamos hambre.

DÍA 4: DE PALAS DE REI A ARZÚA (TERCERA ETAPA)

Desayuno rápido y nos ponemos a caminar: 30 km tenemos hoy.

Paramos en La Huella del Peregrino, donde está uno de los sellos más bonitos de todo el camino: de lacre, con una concha colgando. Debes comprar algo para que te lo sellen, pero merece la pena. 

Lo más bonito: había un grupo religioso de chicos jóvenes, extranjeros (desconozco país), que se pusieron a cantar de forma espontánea en una pequeña iglesia, Santa Maria do Leboreiro. Sí, muy High School Musical, pero en versión religiosa. Fue alucinante. Piel de gallina al recordarlo. Me lo encontré por sorpresa, porque realmente ellos estaban haciendo una parada también. Fue, de verdad, increíble. Las voces, la canción, la acústica de la pequeña iglesia. Toda una experiencia. A los pocos días me los encontré y les felicité, emocionada. Parecía una groupie. Debieron flipar.

Ese momento en el que te replanteas todo en una etapa de 30 kilómetros y surge la solidaridad y una idea: durante el camino, un niño que venía haciendo un tramo a hombros de su padre (admirables los padres y madres que cargaban a sus niños) fue animado por su padre a que caminara un poco. Tan pronto pisó tierra le dijo a su padre: “me duele el pie” (entre tú y yo, ni lo intento – él iba tan pichi a hombros y el otro debió ver la cuesta que se venía y decidió que era buen momento para que el niño caminara). Yo pensé: ay, cari, si tuvieras 35 te dolerían hasta las cejas… Una peregrina que iba a mi lado me miró como diciendo: pues si te duele a ti… El padre cogió al niño en brazos otra vez y siguió caminando. Y mi pregunta es: ¿dónde se puede contratar ese servicio? Yo lo quiero. Estábamos ya en los 22 km y yo pensé que no llegaba, la verdad. Pero pararse suponía quedarse en un bosque, a lo loco… La mujer y yo nos animamos la una a la otra porque nadie iba a venir a recogernos y cargarnos en brazos. En esto Santiago Ways no ha pensado…

Por daros una pista del nivel de dificultad de esta etapa: se la llama del tipo quebrantapiernas. Todo bien, amigos. Todo bien.

Cuando crees que vas a morir subiendo cuestas (y bajándolas) te encuentras un puesto de comida orgánica y casera donde tomé queso de vaca con membrillo casero por encima y un chupito de licor de frambuesa casero. Esto es la bebida isotónica que necesitaba. Llegué a Palas de Rei volando. Exquisito (El Oasis se llamaba – le viene que ni pintao el nombre). Deseé encontrarme esto en todas las etapas; cosa que no fue, ya adelanto.

En los últimos kilómetros, en mitad de otro bosque, subiendo una cuesta, si tienes suerte, te encuentras a un gaitero y una mujer cantando canciones gallegas. No sé si por cansancio, y porque era precioso, de verdad, pero a mí se me saltaban las lágrimas.

Fue la etapa de la música, y me dio mucha vida.

Pasamos noche en el Pazo de Santa María. Ligeramente apartado de Arzúa centro, te van a recoger (de forma gratuita) a Arzúa en cuanto llegas. El sitio es idílico: hay cisnes, gatos, un hórreo precioso, un pequeño estanque… las habitaciones son bellísimas y tienen un restaurante muy rico, con carta algo escueta, pero tan tan rico, que mejor que no pongan más cosas porque conociéndome, me planto con una cena de 8 platos. Como a mí me dan igual los grados, soy de Madrid, y aquí comemos cocido todo el año, me zampé un caldo gallego bueno bueno. Aquí empecé a dudar eso de que “todo esto lo quemo”…

DÍA 5: DE ARZÚA A A RÚA (CUARTA ETAPA)

El desayuno en el Pazo de Santa María es para soñar: todo en la mesa. Fruta cortada, pan, embutidos y queso, bizcocho, varios tipos de mermelada, aceite… bueno bueno. No sabes por dónde empezar de los nervios. Y luego había platos calientes. Es fácil perderse aquí y olvidarse de que estás haciendo el Camino de Santiago, la verdad. Yo dudé. Varias veces.

Al igual que el día anterior, te vuelven a llevar a Arzúa para que continúes tu camino.

19 km. Qué es esto después de lo de ayer. Nada. Ya ni sientes dolor, y los Ibuprofenos caen como Lacasitos (es una exageración, aquí se respeta escrupulosamente la toma).

Aquí iba tan embalada, que me pasé A Rúa, no te digo más. Tuve que preguntar a un lugareño porque yo cogí y me fui. Realmente esta etapa acaba en O Pedrouzo, pero como nosotros cogimos con tan poco tiempo el viaje, no había albergues ni hostales cerca, solo en Salceda, que está mucho antes que A Rúa y nos pusieron un taxi de A Rúa a Salcedo. Al día siguiente nos dejaron en el mismo sitio donde nos habían recogido, no vayas tú a saltarte algún kilómetro…

En esta etapa, yo ya no sé si deliraba o qué, pero te juro que noté muchísimo los olores de los bosques, de la naturaleza. Sé que parece que me he fumado algo, pero os prometo que no. Si la otra etapa fue la de la música, esta fue la de los olores. Como a césped recién cortado, a humedad. Aquí pude parar en un bosque solo a admirar el entorno. Un lujo.

Comemos en A Cova da Meiga (antes habíamos pasado por delante, durante la caminata), pero llegamos en taxi porque una amiga estaba algo lesionada. Mi rodilla no es que diera para regalar 20 minutos de paseo bajo el sol, la verdad. Nos trataron de maravilla. El entorno es un paraíso de naturaleza, silencio y poca gente. Comimos genial y las chicas de allí fueron muy muy amables. Para volver mil veces.

Pasamos noche en la Pensión Albergue Turísitico Salceda. Muy bien, la verdad. Cena buena en el propio albergue. Y opción de masajes (que no cogimos por un tema de desorganización: nos quedamos sopas al llegar y ya no llegamos a tiempo de contratar un masaje – mal timing). 

DÍA 6: DE A RÚA A SANTIAGO DE COMPOSTELA (QUINTA ETAPA)

Los últimos 18.5-19 kilómetros. Última etapa.

Se nota que la gente va de otro ánimo. Yo misma iba más relajada, ya sabiendo que llegaba el momento. La gente hablaba y se oían más risas en el camino. Aquí me llamaron varias veces la Ninja Peregrina porque mientras haces el camino, es normal que tú vayas caminando y vayas pasando grupos o gente que, por lo que sea, van caminando, pero más lento, o incluso que se han parado. Normalmente escuchas los bastones sobre la piedra (clack, clack) o las botas, o si es una bici, el timbre. Pero a mí me decían que era muy silenciosa (al final no usé bastones) y que no se me oía llegar. Pasé varias veces a un grupo de andaluzas muy graciosas que me decían todo el rato: “a esta niña l’ha criao la Yakuza”, “ahí va la ninja peregrina”, “mira mira, ni se la escucha”. Moría cuando me las encontraba. Y eso, subiendo cuestas, no es aconsejable porque te debates entre respirar o reír. Mala mezcla.

Y por fin, llegas. Llegas a Santiago. Llegas y caminas unos 3 km hasta llegar a la Plaza del Obradoiro. Los 3 kilómetros más largos de tu vida… bajo el sol, todo asfaltado, y con poca sombra. Y encima algunos piiiiii se han dedicado a levantar las vieiras del suelo, las que te indican el camino. Un despropósito. Suerte que en algún momento ves a lo lejos la catedral y puedes ir enfilando para allá. Y si no la ves, tú sigue a la riada de gente con mochilas gigantes, conchas colgando y pelos torcíos.

Cuando llegues, la foto finish de rigor para demostrar que lo hicisteis. Lágrimas si quieres, spam a todos tus contactos a través de WhatsApp, pa’l story de Instagram y para la Oficina de Atención al Peregrino (rúa das Carretas, 33, 15705 Santiago de Compostela). Cuando llegues, te piden llevar mascarilla (importante), la Credencial del Peregrino y el código QR (código que te llega una vez metes tus datos en un formulario: esto permite ganar tiempo porque te garantiza que cuando llegas a la ventanilla, ya tienen tus datos en el sistema – en este link o en el QR del Monte do Gozo, en la capilla de San Marcos donde te ponen sello). El código QR no sé pa qué lo quieren, porque ni te lo miran (pero te sale con el formulario, y el formulario sí debes rellenarlo). Una vez dentro (la cola va rápido, no te asustes), te mandan para abajo para darte otro número (como en la carnicería) y ese es el que vale. Luego, como en Hacienda o Seguridad Social, vas mirando una pantalla donde te indica número-ventanilla. Allí te da La Compostela (“La Compostela se concede sólo a quien hace la peregrinación con sentido cristiano: devotionis affectu, voti vel pietatis causa motivada por la devoción, el voto o la piedad-. Y además se concede sólo a quien hace la peregrinación hasta llegar a la Tumba del Apóstol, realizando íntegramente, al menos los 100 últimos kilómetros a pie o a caballo, los últimos 200 km en bicicleta o 100 millas náuticas, terminando a pie el resto del Camino desde el puerto de desembarque.”), en latín, con tu nombre en latín (y con tus apellidos tal cual), escrito a mano. Adicionalmente puedes pedir, por el módico precio de 3 euros, un Certificado de Distancia, que acredita los kilómetros que has hecho. Te sellan la Credencial en el que es el último sello del viaje.

Hecho esto, ya sí, has hecho tu camino. ¡Enhorabuena! Casi todo porque queda la Misa del Peregrino todavía. Aquí hemos venido a jugar y hacemos todo y respetamos todo, sean cual sea los motivos. La verdad es que la experiencia, ya que te pones, la haces completa, yo creo.

Comemos en Cotolay. Pulpo ea, pero rodaballo exquisito.

Helado en Sotto Zero con dos Oreos coronando el cucurucho con dos bolas de helado (que no las compro nunca, pero soy débil y reconozco que me eeeeencantan).

Compramos bica mantecada gallega en Colmado Delicious. Recién hechas. Colapso con el olor. Bueno, a ver, la compré para regalarla entera y al llegar a la habitación le faltaba un trozo… No me juzguéis. A quien se la voy a regalar me conoce y no se asusta. Yo, como los esclavos en la antigua Roma: cato antes, no vaya a ser que esté malo o algo. Vete tú a saber…

Compramos queso de tetilla y membrillo en A Tenda da Caldeirería. Esto no lo caté. Pero solo porque se notaría demasiado…

Misa del Peregrino a las 19:30 h en La Catedral, con mascarilla y abanico, porque te da un soponcio del calor que hace. Por primera vez he presenciado el típico: “si hay algún médico en la sala, por favor…”. A una niña le había dado un mareo. No sé cómo no me dio a mí…

Cena en O Piorno. Una fantasía gallega, vamos. Tabla de quesos, con muuuuucho membrillo (me pusieron un plus más), pimientos de Padrón – me encantan, y estos sí picaban algunos, que llevaba años comiéndolos sin que picaran -, berberechos al vapor buenísimos y croquetas; que no falten croquetas. A estas alturas del viaje ya teníamos asumido que no estábamos quemando al ritmo que zampábamos, pero no nos importaba porque estábamos en Galicia y de esta tierra una no puede venir con menos kilos. Es una falta de respeto total hacia la gastronomía local.

Pasamos noche en el Hotel Alda Algalia de Santiago. Céntrico, bueno, limpio. Genial acabar allí.

DÍA 7: DE SANTIAGO A MADRID

Desayuno en el hotel y salir a pasear temprano, cuando parece que la ciudad se vacía (sí, todavía te apetece caminar). Digo parece porque estaban todos durmiendo, menos mal, por fin, en silencio. Qué cantidad de gente puede caber en esa ciudad… increíble. Qué bonita eres, Santiago.

Tomamos un segundo desayuno, un trozo de larpeira, en Pastelería Confitería Las Colonias. Buffff. No era algo que íbamos a hacer, no somos hobbits, pero pasamos por ahí, yo le hice foto al rótulo, ya nos liamos, que si mira eso, que vaya pinta, que… zas, larpeira en la mano. Una fantasía. Os lo prometo. Una especie de brioche con un pequeño toque de crema (yo soy poca amiga de las cremas pasteleras y esas cosas, pero era tan sutil que me encantó). Estaba recién hecha.

Autobús de Santiago a Sarria, donde tenemos el coche. Dos horitas. Bofetás para entrar en el bus. Éramos ciento y la madre.

En Sarria me topé con la Panadería Pallares (de 1876), donde compré una barra de pan, que me la dan recién hecha. Pues qué te digo, que empecé picando el culillo del pan, luego que se ha quedado desigual, que si estoy redondeando bordes (como decía mi abuela) … pues no sé, pero un cuarto de hogaza no salió de Sarria. Bueno, sí, en mi estómago. A mí no me des un pan recién hecho, que me lío. También compré empanada, pero no sé qué falló que, a pesar de que las reseñas la ponían como buenísima, no me gustó. No debió envejecer bien por el camino a Madrid.

Llegada a Madrid y depre total. Repaso mental del viaje, echar de menos mis gafas de sol, y sonreír recordando momentos y viendo fotos.

Sé que mis modelitos no os han pasado desapercibidos, envidiosos, así que, si queréis consejos de moda para el Camino, escribidme. Solo necesitáis pedir prestado a tres amigas y no decirles un solo color, así cada una te da lo que quiere: en gris, marrón y azul; ir al Decathlon a por el pantalón bien, pero no el más caro, y coger el color que tenga descuento; y poner de tu cosecha camisetas que no peguen con nada porque sean rosa palo con algún roto (imprescindible esto), naranja con fondo de piñas o azul con fondo de donuts. Si esto no es suficiente, mete gorra de color mostaza, riñonera beige y mochila oscura. Vamos, un sentido de la moda y la belleza que ya quisiera Coco Chanel. A mí me dijeron que había gente que ligaba en el camino. A mí no se me acercaron ni los mosquitos, pero bueno. No se puede pedir a todo el mundo que aprecie mis outfits. Gracias a María, Raquel y Anaïs fui divinamente… a nuestra manera.

NOTA: ningún sitio de aquí es recomendado por acuerdos de colaboración ni ná. Es lo que yo he vivido. Lo que no me ha gustado, no lo he puesto. Ni gano ni pierdo si vais a esos sitios o si contratáis esto con la misma empresa, o si coméis lo mismo que yo.

NOTA 2: no, no quemas todo…

Buen camino, concheiro/concheira

Fdo: La Peregrina Ninja

2 comentarios sobre “Buen camino

    1. Jajajajajajjaja gracias gracias gracias. Por leerme, por seguirme y por estar tan mal como para admirarme 😉 pero un placer siempre. Gracias por ser un nuevo seguidor. Mira que luego hago examen de los artículos

      Me gusta

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